Se trata de un antiguo templo abacial, que aún sigue siendo conocido popularmente como la abadía. El edificio actual es el resultado de numerosas modificaciones que han alterado su estructura primitiva, tanto en planta como en alzado, pero aún conserva importantes restos de su carácter románico, especialmente la portada y el arco de triunfo. La portada está formada por tres arquivoltas con molduras y un arco interior polilobulado, que se apoyan sobre capiteles labrados con temas animales y vegetales. Tanto la moldura exterior como la línea de impostas se decoran con ajedrezado. En el interior, el arco de triunfo aparece muy elevado y apuntado, con una arquivolta tallada en zigzag. Los capiteles repiten los motivos de la portada. A ambos lados se abren dos pequeñas capillas que ahora ejercen más bien de hornacinas. Las sucesivas modificaciones han respetado las dimensiones de la nave, que con sus 17 m de longitud convierten esta iglesia en la mayor de todo el románico gijonés. Y una vez más, al margen de los evidentes valores históricos y artísticos del templo, tenemos ante nosotros un hermoso rincón natural.